Que el feminismo es un movimiento imparable parece tan obvio como decir que la ecología y la sostenibilidad también lo son. Sin embargo, si el feminismo suponía “ponernos las gafas moradas”, parece que las “gafas verdes” del ecologismo se ponen solas. Siempre habrá quien niegue el cambio climático, como siempre habrá quien diga “no soy machista ni feminista” sin embargo, cada vez son menos. Lo que tienen en común ambos movimientos es que han llegado con fuerza, se retroalimentan y están más relacionados de lo que, aparentemente, parece. En principio todo forma parte de ir en contra de una sociedad atávica regida por reglas más bien caducas. En la que se impone la supremacía del hombre en varios campos, también sobre la mujer y la Naturaleza. Por eso, el ecofeminismo se engloba dentro de una filosofía de cambio. De no dar por hecho las cosas como han sido hasta ahora. El ecofeminismo trata de la evolución y de la sostenibidad con nuestro entorno. Lo que también implica a otras personas y a la Naturaleza. Y se retroalimentan porque cuánto mayor sea la sensibilidad que desarrollemos sobre uno de ellos, mayor será la sensibilidad que en general, desarrollemos sobre nuestro entorno. Como definió la ecofeminista, Mary Mellor:  “El ecofeminismo es un movimiento que ve una conexión entre la explotación y la degradación del mundo natural y la subordinación y la opresión de las mujeres. Emergió a mediados de los años 70 junto a la segunda ola del feminismo y el movimiento verde. El ecofeminismo une elementos del feminismo y del ecologismo, pero ofrece a la vez un desafío para ambos. Del movimiento verde toma su preocupación por el impacto de las actividades humanas en el mundo inanimado y del feminismo toma la visión de género de la humanidad, en el sentido que subordina, explota y oprime a las mujeres”.

Por eso, es importante que las mujeres intervengan en las decisiones relacionadas con la sostenibilidad. Y por eso tiene que haber más mujeres en Ciencia. Por eso, en el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia” queremos celebrar las aportaciones científicas de las mujeres y su contribución a la sostenibilidad a través de algunas de las mujeres más relevantes en ambos campos:

Jane Goodall: cuando a la primatóloga le dijeron en los años 60 que una mujer no podía estar sola en la selva con los chimpanés, su respuesta fue que la acompañara su madre. Una prueba del espíritu valiente de esta mensajera de la paz de la ONU que, al igual que Dian Fossey y Biruté Galdikas, han aportado grandes estudios sobre los simios y la protección de su entorno.

C. Pielou: pionera de la ecología cuantitativa, todos sus colegas pensaron que se trataba de un hombre cuando veían sus siglas en un trabajo científico. Nacida en los años 20, como no pudo acceder a los estudios científicos, se dedicó a escribir varios artículos científicos mientras criaba a sus tres hijos en casa. Gracias a estos artículos obtuvo su doctorado.

Jane Lubchenco: la bióloga marina estadounidense, con 8 doctorados honirs causa, fue una de las voces más críticas con la Administración Bush, que negaba el calentamiento global.

Rachel Louise: científica estadounidense de principios del S.XX destacó por sus artículos críticos contra el uso excesivo de pesticidas tras la Segunda Guerra Mundial, todavía presentes en nuestras cosechas.

Estos son solo unos ejemplos y aunque cada vez hay más mujeres en Ciencia, la visibilidad que se les dé a las mismas debe ser mayor. Por eso celebramos que existan iniciativas como el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia”.

Para saber más.

 

Atrás

Deja un comentario

Entradas recientes

Comentarios recientes

Archivos

Categorías

Facebook
Twitter
YouTube
Instagram