Vivimos en un mundo cada vez más globalizado. Las fronteras se diluyen, provocando cambios sociales, económicos y medioambientales. Personas y productos se mueven por todo el mundo, cada vez más rápido y cada vez más fácil. Esta tendencia también se traslada a la vida silvestre. El traslado de especies desde sus regiones nativas a nuevas áreas no es algo nuevo: pasaba en tiempos del Imperio Romano. Sin embargo, es ahora cuando esta práctica se ha extendido, provocando serias consecuencias en el medioambiente.

Lo primero que debe tenerse en cuenta en este sentido es que en la mayoría de los casos, esta nueva especie no crece o se desarrolla en el entorno al que llega con normalidad. Falta de fuentes de alimento o un clima incorrecto provocan que el animal tenga una corta vida en su nuevo hogar. También puede suceder lo contrario, que el entorno favorezca su rápida reproducción diseminando con éxito su nuevo hábitat. Cuando esto sucede, nos encontramos ante una seria amenaza de especie invasora.

Las especies invasoras pueden ingresar en nuevos entornos de diversas maneras. Algunas son transportados a lugares nuevos y establecidas intencionalmente, pero con consecuencias imprevistas. Otras fueron introducidas como intentos fallidos para controlar otras especies invasoras. Por otro lado encontramos especies que son llevadas a diferentes lugares intencionalmente pero liberadas accidentalmente, como sucede a veces con animales en zoológicos y acuarios. Ejemplo de ello lo encontramos con el Pez León, que se cree que se introdujo en el Caribe cuando varios de ellos escaparon de un acuario en mal estado frente a la playa durante el huracán Andrew en 1992. También, a veces las personas compran mascotas exóticas y las liberan cuando ya no quieren cuidarlas. Otra causa sería el transporte accidental por ejemplo, a través de la descarga de agua de lastre en el transporte marino.

El cambio climático toma un papel relevante en esta problemática, pues afecta directamente a la distribución espacial de los climas en nuestro planeta. Ante esta situación, las especies intentan adaptarse a los cambios producidos en su entorno, y otras parten en busca de un clima nuevo en el que asentarse. Ambas tendencias (movilidad y adaptación) determinan su nivel de vulnerabilidad.

Las invasiones de especies biológicas constituyen uno de los problemas más graves que afectan a la biodiversidad a escala global. Como consecuencia, provocan muertes descontroladas de especies endémicas, pues son capaces de evolucionar rápidamente, adaptándose a nuevos hábitats con condiciones ambientales distintas. Ante esta situación, pronto nos encontramos con los primeros problemas: aparición de nuevas relaciones ecológicas y homogeneización de la biota (conjunto de organismos vivos). Estas especies son las que contribuyen en mayor medida a la pérdida de biodiversidad tan acentuada que hemos vivido durante los últimos años.

Una alarma que se extiende a todos los países, aunque afecta en mayor medida a islas y archipiélagos. Esta situación ha llegado a producirse incluso en la Antártida, donde el cambio climático y aumento de las temperaturas han permitido que especies invasoras lleguen al continente en barcos.

Más allá de estas consecuencias medioambientales, también resultan económicas. Ya en el 2010 un informe publicado por el Programa Mundial sobre Especies Invasoras (GISP) anunciaba que las especies invasoras en conjunto con el cambio climático eran capaces de provocar pérdidas de hasta el 10% del PIB de los países. Un elevado porcentaje de estas pérdidas provienen de los costes de erradicación. A nivel continental, la Unión Europea los cuantificar en 12.000 millones de euros anuales. En nuestro país por ejemplo, la erradicación del mejillón cebra cuesta nada menos que 2 millones de euros anuales. Recientemente, una investigación liderada por el Centro Senckenberg de Alemania, ha demostrado que la cantidad de nuevas especies exóticas invasoras ha continuado aumentando en los últimos años, lo que plantea un “desafío significativo” para la bioseguridad en todo el mundo.

Ante todas estas consecuencias, es necesario que instituciones y sociedad se conciencien sobre los peligros de la pérdida de biodiversidad en general, y en específico en las enormes problemáticas que plantea la introducción de especies invasoras. Por supuesto, resulta fundamental educar a las personas sobre los peligros de transportar vida silvestre a nuevas áreas, especialmente cuando viajan. A nivel legislativo, aprobar normas que regulen y combatan estas acciones también son necesarias. Otras medidas pasan por la descontaminación del agua en los buques o la redacción de leyes que restringen el comercio de mascotas exóticas.


Con información de Enviromental Sciencie, Ecologistas en Acción, Efe VerdeEuropa Press y Ethic. Imágenes de Alex Gorham y Pixabay.

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