En el mes de mayo organizamos con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid: Conversaciones en El Bosque Soberano para juntar a los amantes del arte y el medioambiente. Estas conversaciones girarán entorno a la exposición del artista indio Amar Kanwar, es un proyecto que explora la actividad minera en la región este de India, Odisha. Hablamos con Blanca de la Torre y con Laura Furones , que estarán presentes en los coloquios posteriores a la proyección. Más información e inscripciones aquí.

 

Blanca de la Torre es comisaria, crítica de arte y asesora de Centros de Arte y Museos como MUSAC en León o White Box en Nueva York. Desde una aproximación cercana a las eco-estéticas, la ecología política y social, entiende el arte como un instrumento de conocimiento para repensar y reformular otras posibilidades de “lo común” y formas más sostenibles de relacionarnos con el entorno.

 

A Laura Furones le mueven dos pasiones: el medioambiente y la música. Licenciada en Ciencias Ambientales, durante más de quince años ha investigado, documentado y denunciado la tala y comercio ilegales de madera, así como la corrupción y violación de derechos humanos asociados. Junto con organizaciones como la ONG internacional Global Witness o el Instituto Forestal Europeo, ha desarrollado proyectos y campañas en países como Honduras, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Camerún, Ghana o la República de Congo.

 

Blanca, como comisaria, crítica e investigadora del Arte y tú Laura como experta en gobernanza forestal, ¿cómo relacionáis cada una el Arte y la ecología?

Blanca de la Torre.-El binomio arte y ecología es algo que podemos rastrear en prácticamente toda la historiografía artística y en mi caso no sólo me interesa ese tema desde un punto de vista meramente teórico sino por el papel que hay a nivel social.

Si nos centramos en la situación actual hay un consenso prácticamente universal en torno al cambio climático y la crisis ecológica. Ese consenso, especialmente entre la comunidad científica, contrasta con el escepticismo de una parte de la población, porque comprender datos científicos no es suficiente, y es ahí donde el arte juega su papel a través de una activación emocional-racional. Cuando hablo de ecología me parece fundamental poner sobre la mesa el concepto de sostenibilidad y la cultura, ya que son dos conceptos íntimamente unidos, ambos encaminados al bienestar común.

 

Laura Furones.- Ambas estudian la belleza en su sentido más íntimo. Tanto la ecología como el arte tratan de identificar, explicar y proponer patrones, en un caso para comprender el mundo –y así explicarlo– y en el otro para comprendernos a nosotros mismos –y así expresarnos–. Las dos parten también de esa vieja pero certera premisa holística de que el todo es más que la suma de las partes: es necesario estudiar las especies de un ecosistema, pero resulta más importante aún entender las relaciones que se establecen entre ellas. Por su parte, una obra de arte aspira a causar una reacción emocional más allá de la que nos puedan generar los elementos individuales que la componen.

 

En relación con esto, ¿creéis que cada vez es más común que haya diferentes intereses entremezclados o es una búsqueda por la especialización en algo muy concreto?

B.T. La relación entre el arte y la ecología siempre ha estado ahí, desde sus orígenes. Pero si tomamos como punto de partida el comienzo de los movimientos ecológicos, especialmente desde la publicación en 1962 del libro Silent Spring de Rachel Carson, veremos que los artistas comenzaron ya casi de un modo paralelo a experimentar con prácticas artísticas unidas a una conciencia ecológica. Desde finales de los 60s muchos de estos artistas desarrollaron proyectos que iban mucho más allá de las dimensiones puramente estéticas y buscaban impactos más tangibles que se pueden encuadrar en las llamadas “Estéticas de recuperación”. Afortunadamente hoy en día hay cientos de artistas que han seguido sus pasos.

En cualquier caso, está claro que por fin el arte (ya desde hace tiempo) se ha encaminado hacia un modo mucho más transversal interrelacionado con otras disciplinas. No puede entenderse el arte como una disciplina hermética y ya es hora de romper con esa manera cartesiana de entender el conocimiento que hemos heredado desde la ilustración y que ha sido dominante hasta muy recientemente.

 

L.F. El conocimiento nunca ha entendido de compartimentos estancos, como tampoco lo ha hecho la curiosidad humana. Hay razones muy necesarias para especializarse en el mundo de hoy. De hecho, casi todos lo hacemos. Pero incluso para especializarse en un nicho muy concreto resulta útil mirar más allá. En este caso, además, si hablamos de ecología y arte, lo cierto es que son dos hermanas naturales. El arte ha nacido de la naturaleza y la refleja.

 

¿Creéis que es positivo, en este sentido, que se fomenten iniciativas de encuentro entre dos materias que “a priori” pueden resultar extrañas entre sí?, ¿estas “sinergias” resultan más habituales fuera de España?

B.T. Todas las iniciativas de encuentro solo pueden ser positivas, estamos en un momento crítico que requiere la unión y compromiso de todas las esferas posibles. Creo que en España ya se están haciendo iniciativas interesantísimas, pero es cierto que tal vez por mi situación de vivir con un pie en España y el otro fuera, tengo la sensación de que en otras geografías se están haciendo iniciativas más efectivas. Por ejemplo, el mes que viene estaré en Washington desarrollando un proyecto artístico en torno al agua en el marco de un ambicioso proyecto que ha iniciado la Embajada de España en torno al ODS6 (agua limpia y saneamiento). Hay que destacar que AECID está impulsando la Agenda 2030 desde su red de centros culturales. Otro aspecto que he identificado al impartir talleres y conferencias sobre el tema fuera de España es que la gente está más concienciada y entiende el problema desde una mirada mucho más transdisciplinar.

 

L.F. Las sinergias son fundamentales siempre, porque existen de forma natural, y censurarlas nos empobrece. Todos sabemos que muchas veces las mejores ideas llegan cuando se está pensando en otra cosa. Lo mismo sucede con la mezcla de materias. Es cierto que en España hemos tendido mucho a segmentar los estudios: tradicionalmente nos hemos preparado para ser abogados, geólogos o filólogos. Ya antes incluso, tenemos que elegir entre ciencias o letras, como si fueran mutuamente excluyentes. Esto no sucede así en otros lugares, y creo que tiene sus grandes ventajas dejar la puerta abierta a buscar conocimientos diversos y transversales.

 

Blanca, si quiero saber más sobre Arte y ecología, ¿qué tengo que leer, escuchar o ver? Y Laura, ¿me puedes hacer las mismas recomendaciones sobre gobernanza forestal?

B.T- Si la gente quiere conocer cuál es mi aproximación, te podría recomendar publicaciones como Hybris o Imbalance, entre otras, o un extenso número de ensayos que he escrito. Para visualizar online, por ejemplo, tienes las últimas Jornadas de Cultura y Sostenibilidad que tuvieron lugar en el Instituto Cervantes el mes pasado.

L.F. Gobernanza forestal es un término muy técnico que, más allá de las personas que trabajamos con él, puede resultar marciano. Pero lo que hay detrás es algo fundamental y que nos atañe a todos: cómo lograr poner de acuerdo a personas de muy distintos intereses para lograr un objetivo común, el de gestionar los bosques de forma responsable. Para entender el concepto, tal vez lo más útil sea poner un ejemplo. Hubo unos años, a partir de 2005 y durante casi una década, en los que Brasil logró frenar la deforestación casi un 80%. Esto fue un logro extraordinario, aunque ahora, por desgracia, el asunto vuelve a estar fuera de control. Hay una infinidad de literatura y recursos disponibles para saber más sobre el tema, y muchos son accesibles por internet haciendo sencillas búsquedas. Gobiernos, instituciones multilaterales y ONG´s han escrito mucho sobre el tema.

 

Ya hablamos en una entrada sobre Arte y Naturaleza, ¿creéis que siempre hay en el Arte que interactúa con elementos naturales, un componente de denuncia?

B.T. Creo que antes de identificar arte y denuncia deberíamos señalar una confusión: la identificación entre ecología y naturaleza; hay que tener en cuenta que una parte del arte que ha tenido la naturaleza como base de sus propuestas no tiene nada de ecológico. Para mí el arte, interactúe con lo que sea, siempre tiene un componente político. Básicamente me interesa más “lo político” en el arte, y no necesariamente el arte como denuncia.

 

L.F. El arte es uno de los canales de denuncia (y de activismo político en general) más potentes que existen. Somos seres eminentemente emocionales, y son las emociones las que nos hacen actuar de manera más asertiva. Todos tenemos en mente esa obra de teatro, ese libro o esa pintura que marcaron un antes y un después en nuestras vidas porque conectaron con algo muy poderoso dentro de nosotros. El arte es enemigo de la neutralidad. Y, aunque no siempre se use como herramienta de denuncia –no es su único objetivo– tiene un potencial infinito para serlo, porque apela a nuestras emociones.

 

Una pregunta difícil, Blanca, tanto  “Arte ” como “Naturaleza”  parecen dos elementos frágiles y dignos de protección, ¿qué futuro crees que tienen ambos?

B.T.  Su futuro pasa por dejar de entenderlos como espacios aislados y antagónicos. La Naturaleza no es ningún elemento separado, no es un “ahí afuera”, nosotros somos la Naturaleza como todo el conjunto del planeta lo es. Hasta que no rompamos definitivamente con el falso binomio Cultura/Naturaleza no habremos entendido nada. Somos una parte integrante de esa realidad lo mismo que el arte y el aprendizaje cultural son una parte intrínseca del ser humano.

Y Laura,  la misma pregunta pero con la relación entre “Derechos humanos” y”Recursos naturales”,¿qué futuro crees que tienen ambos?

L.F. Espero que un futuro muy alentador. La buena noticia –y el gran reto –es que el futuro de ambos está en las manos de una sola especie, la humana. Cómo queramos utilizar los recursos, y cómo queramos tratarnos los unos a los otros, es algo sobre lo que tenemos una capacidad de decisión absoluta.

Estamos llegando a un punto de no retorno, y la conciencia sobre ello no hace más que crecer. Lo fundamental es que crezca lo suficientemente rápido para poder ponerle remedio. No hay tema más importante sobre la mesa que garantizar un planeta habitable para todos los seres vivos que lo poblamos, y eso incluye cambiar la manera de gestionar los recursos naturales.

Con respecto a los derechos humanos, es un tema en el que claramente ha habido avances muy notables en según qué lugares del mundo, pero queda mucho por hacer y priorizar. En España nos preocupan una serie de derechos muy distintos a los que preocupan a Uganda, Arabia Saudí o Myanmar, por mencionar algunos países. En un contexto de crisis climática, proteger estos derechos será cada vez más complicado. También por eso debemos actuar con urgencia.

 

¿Qué figura creéis que falta en la escena artística española? Por ejemplo,¿un gestor cultural-multitarea?, ¿y en de la ecología?, ¿alguna profesión del futuro?

B.T. Yo llevo mucho tiempo luchando por el establecimiento de la figura de un “comisario de sostenibilidad” en las instituciones culturales, que vele por la realización de los proyectos de acuerdo con la realidad en la que nos encontramos, la de un planeta de recursos finitos.

Además, el gobierno ha puesto en marcha un ministerio de transición ecológica, y yo propondría un gabinete transversal que trabajase mano a mano con éste desde la cultura.

 

L.F. Queda muchísimo más por desvelar sobre nuestros océanos, nuestros bosques o nuestros desiertos. Y ahí siempre se requieren nuevas mentes dispuestas a ahondar más. Volviendo a la crisis climática, además, necesitaremos expertos que vayan entendiendo, documentando y denunciando los cambios. Esto es particularmente importante ahora que se han devaluado los hechos hasta confundirlos con opiniones.

 

¿Por qué te has animado a participar en este encuentro en el Thyssen y qué podemos esperar de tu charla?

 

B.T. Conocía la obra de Amar Kanwar desde hace tiempo y curiosamente de esta obra ya había hablado en alguna ocasión anteriormente, y me parece un formato de actividad muy interesante, a medio camino entre la conferencia y la puesta en común, que creo que puede ser muy efectiva a la hora de construir conocimiento y reflexión colectivas.

 

L.F. No hay tema más importante ni más urgente que el cuidado de nuestro planeta. Lo escuchamos todos los días de mil maneras, pero creo que no lo acabamos de internalizar. Por eso creo que es muy importante aprovechar todas las oportunidades y espacios posibles para hablar de nuestro planeta. Poder aportar algunas reflexiones a una exposición como la de Amar Kanwar es un enorme privilegio y una ocasión emocionante para compartir ideas. Yo lo que quisiera es poder contagiar algo de la pasión que yo siento por este tema a quienes se animen a participar, porque, volviendo a las emociones, la pasión es lo que nos hace actuar en la vida.

 

¿Qué tiene de especial la exposición de Amar Kanwar?

B.T. Una sensibilidad muy particular que apela a la comprensión de problemáticas globales desde lo particular. Ser capaces de entender los retos ecológicos locales y extrapolarlos a lo global es un ejercicio que todos deberíamos asumir, y esto nos ayudaría a adquirir un mayor grado de empatía y apostar por modelos enfocados en la justicia ambiental global.

Considero que es una obra que no solamente destaca por su alta calidad estética y contenido simbólico, sino que conceptualmente es muy efectiva visibilizando la inextricable relación entre el medioambiente, y las esferas social, económica y política. Se evidencia también en ella la crítica hacia la perspectiva androcéntrica aún dominante o la necesidad de descolonizar la naturaleza, que son algunos de los problemas que deberían abordarse más a menudo.

 

L.F. Vuelvo al tema de la belleza. Es un término muy manido y que a menudo se banaliza. Pero la belleza guía nuestras vidas. Todos la buscamos, hasta para evitarla. Sin querer desvelar demasiado, la exposición de Kanwar es bellísima e insoportable. Tiene la gran virtud de hablar sobre temas más o menos conocidos de forma que los hace aparecer mucho más cercanos. Una gran parte de la dificultad que enfrentan las personas que defienden sus tierras y sus bosques es que sus historias se ven muy lejanas desde este rincón del mundo. La exposición las convierte en vívidas y cercanas. Yo sentí que me estaba hablando a mí. Me sentí directamente interpelada.

 

Y por último, ¿por qué tenemos que ir a “Conversaciones en El Bosque Soberano”?

B.T. El arte, como pilar fundamental de conocimiento, puede resultar muy eficaz como espacio de resistencia ante lo insostenible de los sistemas actuales.

El arte y la cultura no pueden seguir predicando su compromiso con el presente y ponerse de perfil ante los problemas medioambientales, que están inevitablemente unidos a problemáticas socio-políticas. Tenemos que asumir algún grado de responsabilidad, y proyectos como este nos encaminan hacia ello.

 

L.F. A mí siempre me ha encantado que me ayuden a contextualizar y a exprimir más una experiencia cultural. Me interesan las charlas, los encuentros y todas las ocasiones posibles para hablar cara a cara con otras personas sobre un asunto concreto. Compartir es siempre muy gratificante. En este caso, yo quisiera poder complementar lo que ofrece en la exposición con otras experiencias que yo he vivido o investigado. Espero también que podamos hablar de los derechos de personas que tal vez nunca conozcamos, pero que son iguales que nosotros, con nuestros mismos anhelos. La empatía y la curiosidad por saber más nos hace mejores y más felices.

 

 

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