Continuamos “Diez por diez” con el periodista y colaborador de Another Way, Alejandro Ávila que acaba de recibir el Premio a mejor libro en “Los Premios del Cine Andaluz” por  “Objetivo: planeta tierra”.

En este libro, que recomendamos fervientemente desde la redacción del blog, veremos el auge del cine documental de temática medioambiental.  Se trata de un libro de la Editorial Universidad de Sevilla en el que se recogen opiniones de diferentes críticos de cine y expertos medioambientales.

 

 

 

¿Qué supone recibir el Premio a mejor libro en “Los Premios del Cine Andaluz”?

Como dije sobre el escenario cuando me otorgaron el premio el pasado sábado en los premios Asecan del Cine Andaluz, no me puedo sentir más orgulloso que recibiendo este premio en un año tan especial para el cine andaluz, con películas que me encantan y profesionales a los que admiro profundamente. Que nuestro libro haya recibido este reconocimiento es una satisfacción inmensa. Mis compañeras, las coautoras de este libro (Martín Cuesta, Víctor Esquirol, Mónica Delgado, Pamela Biénzobas y Blanca Martínez) han hecho un trabajo excelente y comprometido y me alegra enormemente que la apuesta de la Editorial de la Universidad de Sevilla por este libro pionero (el primero en español sobre el género del documental de medio ambiente) se haya visto recompensada.

 

¿Cómo resumirías el contenido del libro a un lector no experto en la materia?

El libro es una invitación a disfrutar del cine. A ver películas fascinantes que nos descubren qué está ocurriendo con los glaciares y el cambio climático, cómo son los fondos de nuestros océanos, la inmensa riqueza de nuestro Planeta y cómo lo estamos destruyendo. Es, por tanto, también una invitación a reflexionar sobre nuestros estilos de vida y, sobre todo, una llamada a la acción ya que debemos obligar a nuestros políticos a que actúen ya.

 

En la introducción del libro comentas: “hay hambre de realidad y deseos de satisfacerla”. ¿Está más interesado el público en estos temas?

Sí, muchos espectadores están ansiosos de respuestas a un mundo cada vez más complejo. Nada mejor que una película para aportar algo de luz en hora y media de metraje.

 

¿Estamos asistiendo al gran “boom” del cine documental?

“Una verdad incómoda” (David Guggenheim, protagonizado por Al Gore) es al documental de medio ambiente lo que “Bowling for Columbine” (Michael Moore) fue para el formato o género documental: su popularización. Recuerdo que “Bowling for Columbine” fui a verla al cine con apenas 18 años. En aquel momento, me parecía una marcianada ver un documental en una sala de cine. Aquello fue el comienzo de todo: 17 años después, el documental es cine en mayúsculas. El género se encuentra en un momento de madurez.

 

 

Como periodista especializado en Cine, ¿cuál crees que es la importancia de la cultura en la concienciación de la sociedad?, ¿crees que la “pantalla” transmite más directamente que otros medios?

Creo en el cine como un lugar privilegiado y maravilloso desde el que contemplar la vida. Esa vida puede ser a veces de una belleza y felicidad apabullantes, pero en otras ocasiones resultar abrumadoramente dolorosa. En cualquiera de los dos casos, el cine de calidad no sólo nos invita a emocionarnos, sino a reflexionar. Por esa razón, una buena película no solo es capaz de transportarnos a otros mundos, otras vidas, sino que, en el caso de los documentales de medio ambiente, es capaz de concienciarnos sobre asuntos urgentes para la supervivencia de nuestra especie.

 

¿Cómo crees que podría tener el género documental aún mayor difusión?

Creo que los festivales y ciclos especializados son una manera excelente de acercarse a un público que, por un motivo u otro, se siente atraído hacia ciertos temas. Me refiero a festivales internacionales como el IDFA (International Documentary Filmfestival) o la labor del Another Way Film Festival, que concentra cada año a más espectadores de Madrid interesados por la sostenibilidad y el medio ambiente. También creo que plataformas digitales que miman tanto su catálogo como Filmin, prestan una atención enorme al documental.

 

Volviendo al libro, hay una idea que me parece muy interesante que comenta Amin Maalouf que es que se trata de “una crisis invisible”. ¿Crees que por eso es más peligrosa?, ¿quizás la mayoría de las personas no lo encuentren tan evidente y por eso no se toman todas las medidas necesarias?

 

Absolutamente. Creo que Amin Maalouf lo expresa muy bien cuando dice que, a no ser que seas una de esas ciento de millones de personas que sufren directamente los efectos de la contaminación, la escasez de agua y demás desastres ambientales cotidianos, la crisis ambiental es especialmente peligrosa porque no la vemos, no la comprendemos o directamente hacemos oídos sordos a las advertencias y las evidencias de los científicos.

 

¿Un documental que creas que es relevante en este sentido?

Por ejemplo, documentales como “Chasing Ice”, que basándose en evidencias científicas y en el ingenio, consiguen materializar, hacer palpable el cambio climático: mostrar cómo los glaciares se derriten a una velocidad pasmosa en un brevísimo lapso de tiempo. Ahí es donde cobra el documental de medio ambiente toda su importancia y vigencia: su capacidad para concienciarnos de que el cambio climático es real y necesitamos actuar ya, para mitigar unas consecuencias que nos ponen en peligro como especie.

 

 

¿Qué es el “ecofeminismo”?, ¿hay más términos relacionados con la ecología que se nos pueden “escapar” a primera vista?

El ecofeminismo aporta la perspectiva de género al ecologismo. Por un lado, pone de relieve que en muchos lugares del mundo son las mujeres las que padecen con mayor rigor los efectos de la degradación ambiental. Ellas son las que, por ejemplo, se encargan en la India de traer el agua a casa. Lo cuenta el documental “La mujer y el agua”. Si ellas no la traen y no la hierven, su familia puede enfermar y hasta morir. El hombre no tiene esa responsabilidad tan grande ni, por tanto, tiene una relación tan estrecha con un bien tan básico como el agua. Así de dura y desigual es la vida en otros lugares del planeta. Además, el ecofeminismo pone en entredicho el sistema económico extractivista y alienta otras alternativas más respetuosas con el ser humano y su entorno. En el ecofeminismo puede estar la clave. Por eso nos parecía fundamental que estuviera en nuestro libro de cine medio ambiente, en el que, por cierto, hay paridad entre los seis autoras y autores que lo hemos escrito, a pesar de que el mundo de la crítica y el periodismo cinematográfico sigue estando dominado, no sé yo por qué extraña razón, por hombres.

 

Las voces más críticas podrían decir que haciendo las cosas de otra manera, se empobrecería la sociedad. Ejemplo: al prescindir de la obsolescencia programada, se crearían menos puestos de trabajo. La solución más obvia podría ser “acabar con el capitalismo brutal” pero, ¿crees que capitalismo y sostenibilidad pueden convivir?

 

Ahora mismo tenemos una urgencia: estabilizar el clima. Tenemos que reducir las emisiones de CO2 y planificarlo bien, sin generar demasiado sufrimiento, en forma de desempleo y pobreza. La situación es realmente complicada. Pero peor es no saber hasta dónde va a subir el mar, si nuestras casas, ciudades y carreteras van a terminar bajo el mar o si las sequías, las lluvias torrenciales y demás fenómenos climáticos extremos no están bajo un cierto control. La lógica acumulativa y extractivista del capitalismo es un desastre para nosotros, como especie. La cuestión ahora es encontrar una alternativa económica que nos proporcione un mínimo de bienestar sin destruir nuestra casa, nuestro planeta. Es ahí donde deberíamos escuchar lo que el decrecimiento y filósofos brillantes como Serge Latouche tienen que decirnos.

 

Próxima entrega: Young Forest

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