Somos conscientes del frágil equilibrio de los ecosistemas. También de que el más mínimo cambio puede terminar con él acarreando catastróficas consecuencias. En este equilibrio juegan un papel especialmente relevante unos pequeños insectos más conocidos por sus dolorosas picaduras que por sus buenas acciones sobre el medioambiente: las abejas.

Su papel en la Tierra no debería pasarnos desadvertido. Es por ello que los investigadores se han esforzado en comprender qué está causando la disminución de la población de abejas. Paralelamente surgen más estudios que revelan lo que la pérdida de la abeja significa para la salud de los ecosistemas. Todos ellos confirman que las abejas desempeñan un papel primordial en el mantenimiento del equilibrio entre las especies y los ambientes. No caigamos en el error de considerarlas más irrelevantes por su tamaño: estos pequeños insectos son en gran parte responsables, entre otras cosas, de regular el suministro de nuestros alimenentos.

Un estudio publicado en Nature Communications revela un dato muy significativo: solo el 2% de las especies de abejas silvestres contribuye con el 80% de las visitas de polinización de cultivos observados a nivel mundial. ¿Qué significa esto? Sencillo: si desapareciera este pequeño porcentaje de abejas, el 80% de nuestro sistema agrícola se derrumbaría.

Este frágil equilibrio debe su razón de ser a que el 70% de los principales cultivos de alimentos en todo el mundo dependen de los polinizadores. Aunque nos suene remoto e increíble, sin las abejas podríamos tener que decir adiós a alimentos como las manzanas, almendras, naranjas o aguacates. Este sería el impacto más alarmante de la acuciada pérdida de abejas. Sin embargo, le siguen muy de cerca consecuencias económicas igualmente preocupantes.

En el mismo estudio se estimó la aportación global de las poblaciones de abejas a nivel mundial. Concluyeron que contribuyen en alrededor 3.250 dólares (unos 2.800€) a la producción de cultivos por hectárea por año. Pongámoslo en contexto: La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (La FAO) estima que 1.400 millones de hectáreas de tierra en todo el mundo son destinadas a cultivos. Esto eleva la suma aportada por las abejas a 4.2 trillones de dólares (más de 3,6 billones de euros).

Dejemos a un lado por un momento la supervivencia de la especie humana. Las poblaciones de abejas también toman una labor fundamental en la protección de los ecosistemas. Son, como ya sabemos, las que permiten que las plantas se reproduzcan a través de la polinización. Para entendernos mejor, su sexo. Estas plantas no solo contribuyen a alimentar a los seres humanos. También son fuente de alimento para otras especies de aves, insectos etc. Si llegara a desaparecer esta fuente de comida las consecuencias se harían notar en toda la cadena alimentaria y muy difícilmente podrían controlarse.

¿Por qué están bajo amenaza?

Existen una variedad de causas para explicar el riesgo al que se enfrentan las poblaciones de abejas. La primera de ellas: la pérdida de hábitat y cambio climático. Muchas de las consecuencias previstas del cambio climático, como el aumento de temperaturas o los cambios en patrones de precipitación eventos climáticos más irregulares tendrán impactos en las poblaciones de polinizadores. Algunos de estos cambios podrían afectar a los polarizadores de manera individual. En última instancia, afectarían a sus comunidades haciéndose reflejar en mayores tasas de extinción de estas especies.

Al mismo tiempo, entra en combinación un factor sumamente peligroso: los pesticidas. Irónicamente, los utilizamos en los cultivos para protegerlos de las plagas que podrían dañar seriamente su productividad. Sin embargo, estos productos químicos tienen efectos colatorales de lo más dañinos. Son responsables de matar a las abejas que precisamente se encargan de hacer posibles estos cultivos.

Entre los pesticidas más dañinos para las abejas encontramos los neonicotinoides. Estos actúan sobre el sistema nervioso del insecto, llevándoles incluso hacia una muerte instantania. Las que sobreviven deben enfrentarse a desorientaciones, que muchas veces imposibilitan que puedan regresar a la colmenta, proceso conocido como colapso colonial. Afortunadamente estos pesticidas ya han sido prohibidos por la Unión Europea.

¿Qué podemos hacer?

La agricultura ecológica es una gran oportunidad que se nos abre para revertir estas fatales consecuencias. Además, su implantación tiene muchos beneficios asociados a otras dimensiones de la preservación del medioambiente y la seguridad alimentaria humana. Cambiando nuestros hábitos de compra y empezando a consumir alimentos ecológicos podremos poner nuestro granito de arena por la supervivencia de esta importante especie.


Con información de Nature Comunications, la FAO, GreenpeaceABC y La Vanguardia (1, 2). Imágenes de Aaron Burden, Annie SprattCristian Newman

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