Hemos oído hablar de ellas. Las hemos incorporado a nuestro día a día. Las tres erres. Reducir, reutilizar, reciclar. Somos conscientes de lo fundamental que resulta este ciclo para proteger a nuestro planeta y minimizar los daños medioambientales de nuestras acciones, muy en especial de nuestro consumo. En Another Way hemos hablado en diversas ocasiones sobre la necesidad de moderar nuestro consumo, también sobre la importancia del reciclaje de nuestros residuos. No menos importante que estas dos acciones es aprender a reutilizar lo que tenemos, a dotar a nuestras cosas de una segunda vida. Por limitado que parezca, con un poco de creatividad y ganas de hacer las cosas de otra manera podremos reutilizar prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra. ¿Empezamos?

La segunda erre, reutilizar, consiste en dar a los productos y objetos que tenemos la máxima vida útil posible. Lo más interesante en este sentido es comprender que aunque el objeto haya dejado de servir para lo que fue ideado en un principio, no significa que haya dejado de sernos útil para alguna otra cosa. Esta acción por el planeta no solo contribuye a generar menos residuos y menos impacto medioambiental, sino que también puede suponer un verdadero alivio para nuestros bolsillos. ¿Y lo mejor de todo? Que es más simple de lo que crees.

Por ejemplo; los restos de poda pueden convertirse en abono, las botellas de vidrio en jarrones, con ropa rota trapos de cocina, con hojas de revistas que ya hemos leído papel de envolver para regalos… ¡Como ves, las opciones son infinitas! Lo más importante es que nos paremos a pensar antes de tirar un objeto.

Más allá de nuestro propio hogar, la reutilización ha calado en otros ámbitos, afectando también a empresas, instituciones y otras entidades públicas. A fin de cuentas, el cambio hacia el progreso sostenible debe producirse desde todos los actores de la sociedad, pues todos somos responsables de preservar nuestro planeta.

Buen ejemplo de adoptar la reutilización como filosofía son nuestros amigos de Signus. Esta identidad sin ánimo de lucro se encarga de que los neumáticos en desuso puedan tener una vida útil más larga, preparándolos para nuevos servicios. ¿Por ejemplo? Suelas de calzado, carreteras, reductores de altura de olas, pistas ecuestres, suelos para parques infantiles…. Sí, sí, todo ello a partir de neumáticos reutilizados. No nos cabe la menor duda, si un neumático tiene tantas opciones en las que reconvertirse, seguro que la mayoría de las cosas que tenemos en casa y creemos que ya no nos sirven también.

De hecho, nosotros también podemos tomar buen ejemplo de ellos y dotar de una segunda vida a nuestros propios neumáticos. ¿Cómo? Por ejemplo, convirtiéndolos en un paragüero casero, un bebedero para nuestra mascota o un original asiento. ¡No faltan ideas! A partir de este singular caso, comprobamos cómo con un poco de imaginación podemos descubrir fascinantes usos para nuestras cosas que jamás hubiéramos imaginado.


Reutilizar se convierte por tanto, en una actividad divertida con un fin fundamental. Limitar nuestros desechos, reducir nuestra huella ecológica, avanzar hacia una sociedad más sostenible, todos juntos, es posible. Tan solo necesitamos ganas de hacerlo y aprender a pensar las cosas de otra manera.


Con información del blog de Signus. Imágenes de My Life Through a Lense, Umberto Cofini y Signus

 

 

 

 

 

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