Desde que se constituyera la Unión Europea han surgido diversas iniciativas que procuran la conexión y colaboración entre sus estados miembros. Las hay a nivel económico, político y social. También se han desarrollado propuestas medioambientales conjuntas entre las que cabe destacar la Red Natura 2.000, que celebra este año su 25 aniversario. A pesar de su vital importancia, es aún hoy desconocida por gran parte de la población.

Para comprender la magnitud de la Red Natura 2.000 es necesario que partamos de su propia definición. A grandes rasgos, se trata de una red ecológica europea de áreas de conservación y protección de la biodiversidad europea. Creada en el año 1992, surge con la firme intención de asegurar la supervivencia de las especies y los hábitats tan ricos que se encuentran en el conjunto europeo. Bosques, praderas, lagunas, marismas o pastizales. Todos ellos quedan protegidos bajo su amparo.

La Red se divide a su vez en dos tipos de espacios: los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) establecidos conforme con la Directiva Hábitat, y de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), que se crean conforme a la Directiva de Aves.

En nuestro país, la Red toma una relevancia todavía más notoria. Actualmente sumamos 1.467 lugares de Importancia Comunitaria y 644 Zonas de Especial Protección para Aves. En total, la superficie protegida supera los 210.000 km2. Más de 137.000 km2 corresponden a zonas terrestres y unos 72.500 km2 a superficie marina. España se posiciona así como el estado miembro que mayor superficie total aporta a la red. Casi un 30% de España pertenece a Red Natura 2.000, lo que supone un 14% del total.

Resulta inquietante comprobar cómo a pesar de la magnitud del proyecto, que vela por la conservación del mayor conjunto de espacios protegidos del mundo, este continua siendo desconocido para una amplia mayoría de los ciudadanos. Tal y como apunta la guía para comunicadores editada por SEO/Birdlife, el 80% de los ciudadanos españoles vive en un municipio que alberga un espacio Red Natura, pero a pesar de su importancia y cercania, no es muy conocida por la sociedad. También, diversas encuestas señalan que solo un 10% de los europeos saben lo que es. El resto no han oido hablar de ella o conocen el nombre pero no saben explicar lo que es. Por ello, desde Another Way nos hemos propuesto destacar algunos de sus aspectos clave. ¿Qué diferencia a la Red Natura 2.000 de otras iniciativas?, ¿cómo nos afecta?, ¿por qué deberíamos conocerla?

En primer lugar, es necesario destacar algunas novedades presentes en el modelo seguido por la Red Natura 2.000. Desde su concepción, ha considerado un aspecto fundamental en la protección de los ecosistemas la presencia del ser humano. Esta presencia, además, no es entendida como un ente aparte, sino como una parte del todo. El enfoque abordado es diferente al que ofrecen otras figuras de protección que excluyen toda actividad humana. La Red Natura 2.000 comprende que los seres humanos formamos parte de la naturaleza. 

Así, la Red pasa a ser mucho más que un conjunto de reservas naturales. Se trata de personas y naturaleza y de hacernos entender que la conservación y la utilización sostenible van de la mano con la generación de beneficio para los ciudadanos locales y la economía general.

Ofrece nuevas oportunidades para el desarrollo sostenible, así como para el turismo y el desarrollo de actividades recreativas. Ha contribuido también a desarrollar nuevas formas de colaboración entre las autoridades públicas, organizaciones de conservación de la naturaleza y propietarios de tierras y usuarios, generando nuevas formas de trabajar unidos.

De esta manera, la Red Natura 2.000 se ocupa de fomentar un futuro verde en Europa. Desarrolla iniciativas por la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, que es en esencia la mejora del medioambiente. Sitúa la meta en la sostenibilidad económica a largo plazo mediante el empleo verde y un modelo que apueste por la economía circular. Se trata de una red de espacios protegidos que vela por que la conservación de los hábitats vaya en consonancia con el fomento del desarrollo económico de las poblaciones vinculadas a ellas, impulsando la producción sostenible.

Por otro lado, como aspecto diferenciador también es necesario destacar el carácter europeo de la Red, así como su visión integradora y participativa. La Red Natura 2.000 es en esencia, una iniciativa transnacional, que pretende involucrar a todos los Estados miembros en la protección de los ecosistemas y especies. Una idea tan sencilla y tan fundamental como lo es naturalizar el continente. Espera de los Estados que trabajen juntos por un futuro mejor para Europa. Esta característica no solo le permite poder aplicar sus propuestas con mayor fuerza, sino que también resulta mucho más adecuada por ejemplo, a la hora de velar por la conservación de especies migratorias, donde las políticas exclusivamente nacionales no son completamente eficaces.

En estos veinticinco años de historia, la Red Natura 2.000 nos ha dejado unos cuantos buenos titulares. Se ha triplicado la superficie protegida del continente, la legislación ambiental ha avanzado, se han abierto líneas de financiación específicas para la conservación de la naturaleza e identificado nuevas oportunidades de desarrollo social y económico.

Más allá de la propia conservación de nuestro continente, la Red Natura 200 ha generado otro tipo de beneficios. Por mencionar solo algunos, esta iniciativa es importante para nuestra salud porque mejora la calidad del agua, del aire y de las tierras. Algo que también se puede traducir a números, La directora de SEO/Birdlife, Asunción Ruiz, señala que “apostar por una correcta implementación de las políticas europeas, que también son españolas, en un momento de incertidumbre y de reducción de ingresos a escala europea como el que vivimos, supondrá un ahorro de 50.000 millones de euros anuales en gastos sanitarios y costes directos para el medioambiente. Solo saldrán las cuentas si contamos con la naturaleza”. En el panorama nacional, diversos análisis sugieren que una correcta implantación de la Red Natura 2.000 tendría unas repercusiones positivas sobre el PIB estimadas entre el 0,1% y el 0,26%.

También, desde SEO/BirdLife indican que a través de la Red Natura 2.000 se ha generalizado un mayor interés por los hábitats. Este mayor conocimiento permite poner en marcha otras acciones de conservación más específicas sobre especies tan emblemáticas como el águila imperial ibérica, el lince o el oso pardo. Es decir, sirve como motor y guía para impulsar otras iniciativas a nivel más local.

Si bien no cabe duda de que la balanza es positiva, tampoco debemos olvidar que todavía queda mucho por hacer. Como ciudadanos, debemos tomar partida en la protección de nuestro entorno. No se puede conservar lo que no se conoce, y la Red Natura 2.000 necesita que comprendamos el valioso tesoro que tenemos en nuestras manos. También, lo vital que resulta que aprendamos a convivir con él sin dañarlo para que podamos disfrutar de un continente verde durante mucho tiempo más.

 

 


Con información de EfeVerde, Activa Red Natura 2.000, SEO/Birdlife, el Informe ‘25 años: Un informe sobre los primeros 25 años de la directiva de hábitats y su impacto en la Red Natura 2.000‘ editada por SEO/Birdlife y La Red Natura 2.000: Guía para comunicadores, editada por SEO/Birdlife . Imágenes de Wikimedia Commons (1, 2),  Activa Red Natura 2.000Spencer Pugh, y  WWF

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