El aceite de palma está en boca de todos. Obtenido de la palmera de aceite, ha ocupado titulares que alarman sobre los estragos que genera su consumo. A pesar de ser originaria de África Occidental, hoy en día se cultiva también en Asia, y América. Malasia e Indonesia lideran la producción y exportación a nivel mundial, acumulando una cuota del 85% del cómputo global.

Bollería, confitería, champú, cosméticos, detergentes y productos de limpieza. Estos son solo algunos de los productos en los que se encuentra el aceite de palma. El sector del transporte también aparece en la lista, pues la irrupción de los biocombustibles ha provocado una mayor demanda. Su cultivo está vinculado a diversas preocupaciones: deforestación, degradación del hábitat, cambio climático, crueldad animal y abusos de los derechos de las personas en los países donde se produce. Sin embargo, las cifras de la industria siguen en aumento.

Para poder cultivarlo, es necesario que bosques y tierras sean despejados para el desarrollo de las plantaciones de palmera aceitera. Según las estimaciones de la WWF, cada hora se despeja un área tropical equivalente a 300 campos de fútbol para dar paso a su producción. Esta deforestación a gran escala empuja a su vez a muchas especies a la extinción. Si el ritmo no cambia, especies como el orangután podrían extinguirse en los próximos 5-10 años. ¿Los tigres de Sumatra? En menos de tres.

Desafortunadamente, los cálculos quedan lejos de sugerir que este ritmo se vaya a revertir. Más bien estamos encaminados hacia lo contrario.  Se espera que la demanda mundial de aceite de palma se duplique para el 2050, alcanzando las 240 millones de toneladas. A las ya existentes plantaciones, que están siendo ampliadas, se están sumando nuevas en múltiples zonas del planeta.

Hasta hace relativamente poco tiempo el destino principal del aceite era la industria alimentaria (en un 60%), los cosméticos y piensos para el ganado. Sin embargo, en la actualizad cada vez se utiliza en mayor medida para la producción de agrocombustibles, principalmente en Europa.

A fecha de hoy, en la Unión Europea el 50% del consumo de aceite de palma tiene como destino la producción de biodiesel. En España, el 45% de las importaciones están destiandas a estos mismos fines. Con su aparición se esperaba que se redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero. Contra ese pronóstico, los datos señalan justo lo contrario. En el 2015 la Comisión Europea realizó un informe en el que reconocía que debido a la irrupción del biodiesel en el mercado de los carbulantes, se están incrementando las emisiones del transporte global de Europa a casi un 4% más. Sumando a estas emisiones las provocadas por la deforestación que genera el cultivo, el uso de biodiesel puede llegar a triplicar las emisiones del diesel convencional.

Tal y como Ecologistas en Acción señala en su informe El Mercado Español de Agrocombustibles: la guinda del pastel del insostenible sector del transportees necesario que estudiemos con detenimiento las consecuencias reales del auge de los agrocombustibles. Su consumo en nuestro país responde a las estrategias marcadas desde la Unión Europea para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el efecto de su consumo ha sido el contrario. Mayores emisiones respecto a la quema de combustibles fósiles.

El aceite de palma es la principal materia prima del agrodiésel, seguido muy de lejos por el aceite de soja. Dado que el clima europeo no permite el cultivo de la palma aceitera, esta se importa en su totalidad. Esto se traduce en una mayor necesidad de territorios dedicados al cultivo de palma en las zonas donde esta industria ya ha causado evidentes estragos. Mayor deforestación, mayor ocupación de tierras, mayor peligro para las comunidades locales y la fauna autóctona.

En el informe ya citado también se detalla el impacto medioambiental generado por el agrocombustible. Por término medio genera emisiones alrededor de un 80% más altas que el gasóleo fósil al que sustituye. Sumado a ello, la producción de aceite de palma para el biodiesel genera enorme inestabilidad. Supone una amenaza a la soberanía alimentaria, pues compite con las tierras que proporcionan los alimentos a las comunidades locales. Según las estimaciones de El Banco Mundial, un 75% de la subida de los precios de los alimentos se debe a los agrocombustibles.

Frente a ello, resulta necesario que las instituciones públicas corrijan con urgencia sus políticas. Excluir el agrodiésel a partir de aceites vegetales de la lista de energías renovables es un buen primer paso. La reducción del impacto climático del transporte también pasa inevitablemente por una reducción radical del consumo energético. Mejoras en la eficiencia energética, políticas de movilidad más sostenibles, priorización de los medios de transporte colectivos… Todas ellas se convierten en nuestras mejores aliadas para mitigar los estragos de la industria en nuestro planeta.

Para continuar con la conversación, en el próximo Another Miércoles proyectaremos ‘Frontera Invisible‘, dirigido por Nicolas Richat y Nico Muzi. El documental se centra en los estragos que el cultivo de palma provoca en Colombia. En el coloquio nos acompañará Abel Esteban, coordinador del Área de Agroecología de Ecologistas en Acción.

¡No te olvides de reservar tu mesa!


Con información de Say No to Palm Oil, WWF, Ecologistas en Acción (1, 2), Greenpeace y Europarl. Imágenes de Nabeel Syed y fotogramas de Frontera Invisible (Nicolás Richat, Nico Muzi 2016)

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