Son los pequeños detalles. Los que no pensamos. Los que pasan desapercibidos y repetimos por inercia sin cuestionamiento. Formas de transportarnos, hábitos de consumo o la manera en que nos alimentamos. Esas pequeñas costumbres que sin ser nosotros conscientes afectan a la supervivencia y salud de nuestro planeta. Podríamos hablar de muchas cosas, podríamos descubrir todavía más a medida que escribimos estas palabras. Pero hoy nos centramos en una de ellas. Hoy hablamos de pajitas de plástico.

Las cifras hablan por sí solas, hasta ocho millones de toneladas de residuos plásticos fluyen todos los años en nuestros mares. Se estima que alrededor de un 4% de esta cantidad proviene del uso de las pajitas. O lo que es lo mismo, 320.000 toneladas. Es cierto, puede que la pajita de plástico no sea uno de los contribuyentes mayores. Sin embargo, este pequeño elemento, totalmente innecesario para la mayoría del consumo de bebidas (siempre salvaguardando aquellas personas con necesidades especiales), se encuentra en el epicentro de una creciente campaña ambiental dirigida a concienciar a la gente para que deje de usarlas en favor de la salud de nuestros mares, ‘Refuse The Straw‘.

Desde su aparición en los años treinta, las pajitas se han convertido rápidamente en uno de los productos más innecesarios y presentes en todo el planeta. Se desconocen las cifras de uso global, pero por ejemplo según el National Park Service de Estados Unidos, en su país utilizan alrededor de 500 millones diariamente.

Las pajitas son pequeñas, ligeras, y no muy a menudo terminan siendo recicladas. Precisamente su pequeño tamaño es el que hace de ellas uno de los contaminadores más insidiosos, dado que enredan a animales marinos y son consumidas por los peces. Buen ejemplo de los estragos que provocan es el video convertido en viral en el que un grupo de científicos tratan de extraer una pajita incrustada en la nariz de una tortuga marina. Imágenes igualmente dolorosas e impactantes convertidas en un grito de alarma, en una llamada al cambio. Necesitamos expulsar los plásticos de nuestros mares.

La científica Jenna Jambeck, realizó un estudio en el año 2015 titulado ‘Plastic waste inputs from land into the ocean‘. En él investiga los niveles de residuos plásticos en nuestros mares. El suyo se convertiría en la primera medición de la cantidad de desechos plásticos que entran en el océano cada año. Para obtener las cifras, vincula los datos mundiales sobre residuos sólidos con la densidad de población y situación económica de cada país, prestando especial atención también a la calidad de los sistemas de gestión de residuos. Fue así como pudo extraer conclusiones como esta: en el año 2010 se generaron 275 millones de toneladas métricas de residuos plásticos en un total de 192 países costeros. De ellos, entre el 4’8 y 12’7 millones terminaron navegando en el océano.

Sobre esta problemática medioambiental no son datos lo que nos falta. Esta misma semana los medios de comunicación se hacían eco de la crítica situación de la isla deshabitada de Henderson, en el Pacífico. Sus 37 km cuadrados han pasado a convertirse en el lugar de la Tierra con mayor densidad de basura. Acumula un total de 18 toneladas y recibe diariamente 3.570 desperdicios, a pesar de que se encuentra a 5.000 kilómetros de la masa continental más próxima.

 

¿Y qué podemos hacer frente a ello?, la alternativa de consumo es sencilla. Tan sencilla como empezar a no utilizar pajitas de plástico si no las necesitamos. Precisamente lo que diferencia a esta campaña de otras, y que puede convertirse en la clave del éxito, es que no se trata de cambiar leyes o modificar actitudes de empresas y gobiernos. Es una campaña para ti, para mi. Una campaña para que reflexionemos sobre nuestros hábitos, invitándonos a cambiar mínimamente nuestra forma de consumo para provocar un enorme impacto positivo en los océanos.

Bien, empecemos por las pajitas. Pero, ¿y después qué? Referentes no nos faltan. Por mencionar algunos, el pasado otoño California se convirtió en el primer estado de Estados Unidos en prohibir las bolsas de plástico. Y ni siquiera necesitamos irnos tan lejos. También Francia ha dado un paso adelante, decidiéndose no solo por prohibir las bolsas, sino también convirtiéndose en el primer país en incluir en la lista de plásticos prohibidos los platos, vasos y utensilios a partir del 2020.

En Another Way creemos firmemente en que los pequeños cambios son capaces de provocar mejoras inimaginables. Y sabemos que una pajita menos, es mucho más que simplemente una pajita menos.


Con información de National Geographic, Science, El País (1, 2), PNAS,  NPSThe New York Times. Imágenes de Jeremy Bishop y Danielle MacInnes.

 

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