Estos últimos días hemos vivido consternados por las dolorosas imágenes que nos llegaban desde los montes gallegos. Todavía no tenemos los datos definitivos, pero tal y como adelanta la conselleria del Medio Rural, Ángeles Vázquez, la superficie ardida durante el pasado fin de semana en los incendios forestales ya es superior a la quemada el resto del año. ¿La cifra?, unas 11.500 hectáreas.

Los mensajes de condena y apoyo se han sucedido, y también han vuelto a ocupar titulares y conversaciones expresiones como “incendio provocado” o “recalificación de terrenos”. Antes de seguir usándolos, es necesario que primero ejerzamos una labor de investigación para poder emplearlos con exactitud.

Comenzando por el principio, desde que saltara la alarma, la Xunta de Galicia se refirió a este desastre medioambiental como “fuegos intencionados“. Más tarde se sumaría el Gobierno y confirmarían la acusación de los investigadores. Estos revelaron que una gran mayoría de los incendios forestales se iniciaron adrede. La explicación detrás de esta afirmación: los focos de los incendios surgieron en varios puntos simultáneamente, eran de difícil acceso y en horas en el que la respuesta es habitualmente más lenta. ¿El resultado? Una probabilidad de propagación mucho mayor y por tanto, peligrosa.

Al mismo tiempo que se alzaba esta teoría, se especulaba con la posibilidad de que estos incendios hubieran sido provocados para poder recalificar el terreno. Estos rumores aluden a la Ley de Montes, aprobada en el 2003 y modificada en el 2015. Esta normativa prohíbe la construcción durante 30 años en superficies quemadas. Ciertamente contempla excepciones, pero en ningún caso podrían aplicarse a incendios forestales como los acontecidos en Galicia o en Doñana.

En el marco de la legislación Gallega, la ley aprobada en el 2012 recoge del mismo modo la prohibición de un cambio de uso en terrenos afectados por incendios forestales en un margen de tiempo de 30 años. Contempla del mismo modo excepciones, pero únicamente para cambios “previamente aprobados” o en trámites. Esto se traduce en que la provocación del incendio no sería en ningún caso necesaria, pues la recalificación sería previa.

La ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), Isabel García Tejerina confirmaba esta explicación. Las estadísticas publicadas por este Ministerio también, aunque cabe destacar que comprenden hasta el año 2014, antes de la reforma de la Ley de Montes. Según las mismas, los incendios forestales provocados para “modificar el uso del suelo” representan solamente un 0,34% del total.

Queda por tanto todavía sin respuesta la pregunta más formulada durante los últimos días. ¿Por qué se queman las superficies forestales? Atendiendo a los datos publicados por el Ministerio, dos sectores y motivaciones ocupan la mayor proporción: quema de matorrales y residuos agrícolas (el 27%) y regeneración del pasto (el 16%). Frente a ellos, las motivaciones escondidas detrás del 36% de los incendios forestales siguen siendo desconocidas, incluidas en la categoría “sin datos”.

Si bien es cierto que las causas que se esconden detrás de los incendios forestales no están completamente despejadas, sí se han alzado voces que demandan un mayor apoyo por parte de las instituciones. Las tareas de educación medioambiental y prevención son fundamentales para poder reducir las hectáreas calcinadas en nuestro país. Para ello, organizaciones del tercer sector, Gobierno y ciudadanía deben unir sus fuerzas y trabajar juntos por una gestión de los bosques más sostenible.


Con información de El PaísMAPAMA. Imágenes de Miguel Riopa / AFP, Brais Lorenzo/EFE y Fundación Civio.

 

 

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