No quedan rincones en el planeta que logren quedarse fuera de los límites del turismo. Las comunicaciones y transporte internacional son cada vez más accesibles, motivo por el cual la industria crece apenas sin restricciones. Esta situación pone en muchas ocasiones en grave peligro al medioambiente, pues los impactos generados son difícilmente controlables. Al menos hasta ahora.

Este año ha sido nombrado como el Año Internacional de las Naciones Unidas por el Turismo Sostenible para el Desarrollo. Una oportunidad única para hacer avanzar al sector turístico hacia modelos de negocio que incorporen el triple balance de la sostenibilidad (económica, social y medioambiental) en sus prácticas. Eso es lo que espera de la iniciativa el secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Tales Rifai, quien además asegura que “tiene el potencial de sensibilizar sobre las verdaderas dimensiones de un sector cuyas consecuencias con demasiada frecuencia infravaloramos”.

No le falta razón, pues resulta de vital importancia para la supervivencia de los ecosistemas de la Tierra que el turismo se sume a la sostenibilidad y que comprendamos la envergadura de su alcance.

En primer lugar porque es una industria masiva, que mueve cantidades ingentes de personas y dinero a nivel mundial. Se estima que en el año 2015 más de 1.200 millones de personas viajaron como turistas a nivel internacional, generando unos ingresos derivados que alcanzaron el 10% del PIB a nivel mundial. También porque cada vez son más los países que confían y dependen del turismo para su supervivencia, sobre todo en zonas menos desarrolladas, apostando por políticas que favorezcan la aparición y desarrollo de mercado en sus países.

En este sentido y atendiendo al particular caso de los países en vías de desarrollo  la aparición del turismo sostenible, bien aplicada, puede convertirse en un gran aliado para potenciar una economía sana y equitativa en el país. Eso sí, no vale todo. Para lograr efectos positivos es necesario que sean las comunidades locales las que participen en la toma de decisiones, permitiéndoles así administrar su futuro. Son las prácticas que hacen hincapié en la equidad las que permiten el desarrollo de un turismo verdaderamente sostenible. Sin ellas, las comunidades locales no serían las principales beneficiarias del ecoturismo.

El turismo sostenible ha irrumpido con fuerza los últimos años, abriéndose una buena oportunidad para mejorar las prácticas de la industria. Sin embargo, en ocasiones es difícil reconocer qué prácticas son verdaderamente respetuosas con el medio, motivo por el cual muchos turistas pueden sentirse “perdidos” a la hora de planear sus vacaciones sostenibles.

Entonces, ¿cómo lo distinguimos?, ¿cuáles son exactamente los requisitos para hablar de un verdadero turismo sostenible? Hacerse las preguntas correctas e informarse es un primer paso para adoptar una actitud consciente, crítica y comprometida. Allá van las primeras pistas: justicia, ética, la comunidad y por supuesto, biodiversidad y ecosistemas.

La siguiente parada en el camino  para poder disfrutar de unas vacaciones sostenibles parte de comprender y ser capaz de diferenciar las siguientes prácticas: turismo de naturaleza o verde  y turismo sostenible.

La distinción más evidente entre estas opciones turísticas se encuentra en el objetivo principal de cada una. Por un lado, el turismo de naturaleza parte de la premisa de estudiar y admirar el entorno, mientras que el turismo sostenible parte de la premisa de minimizar al máximo el impacto ambiental negativo.

En este segundo, la adaptación y correcta relación entre el ser humano y la naturaleza se convierte en indispensable. Es una visión que no parte de la idea del ser humano irrumpiendo en el medio, sino del ser humano formando parte de él. El turismo sostenible trabaja para involucrarnos y proteger áreas naturales, trabaja para aportar beneficios al medioambiente y se centra en apreciar y favorecer a las culturas y comunidades autóctonas.

Más allá de estas pequeñas directrices, en el libro “Ecotourism: Principles, Practices and Policies for Sustainability“, la investigadora Megan Wood señala diversas cualidades fundamentales que no debemos perder de vista. Entre ellas: un turismo que contribuya a la conservación de la biodiversidad, que sostenga el bienestar de las comunidades locales, que incluya de cara al turista una experiencia de aprendizaje, haciéndole partícipe tanto a él como a la industria de una acción responsable. Un turismo ofrecido a grupos pequeños. Por supuesto, un turismo que realice un consumo mínimo de recursos no renovables. Finalmente, que haga énfasis en la participación local y en las oportunidades de negocios para la zona en cuestión.

Finalmente, también es necesario que comprendamos como turistas que allá dónde vayamos siempre podemos contribuir al impacto positivo sobre la zona que visitamos. Por ello, nunca está de más apuntarse algunos trucos como los que os presentábamos anteriormente en el blog, para poder disfrutar de nuestro tiempo de ocio siendo conscientes de que lo hacemos de la mejor manera posible: adaptándonos y contribuyendo a un progreso sostenible.

Si te has quedado con ganas de descubrir más sobre el turismo sostenible o compartir tus inquietudes no te pierdas nuestra próximo Another Miércoles en El Huerto de Lucas. El día 7 de junio proyectamos ‘2.5% La Península de Osa’, un documental sobre las posibilidades que el turismo rural comunitario abre en Costa Rica, que alberga el área biológicamente activa más intensa del mundo.

¡Te esperamos!


Con información de El País y Huffington Post. Imágenes de Lionello DelPiccolochuttersnapTimothée MägliSud M.

:
Atrás

Deja un comentario

Entradas recientes

Comentarios recientes

Archivos

Categorías

Facebook
Twitter
YouTube
Instagram