Cada vez son más las personas que se suman a hacer las cosas de otra manera. A pensar en las consecuencias de sus actos y a tener presente que debemos avanzar hacia una sociedad más sostenible. Esta tendencia también ha afectado a nuestra manera de comprar. Natural, sin tóxicos, ecológico… Cada vez aparecen más términos en nuestra lista de la compra. Desde el champú al detergente pasando por alimentos y madera. Pero, ¿nos valen todos?

El consumo de productos ecológicos no para de crecer en nuestro país. Según los datos proporcionados por la organización EcovaliaEspaña ha aumentado un 40% en dos años la demanda interna de productos ecológicos Aunque seguimos por debajo de muchos de nuestros compañeros europeos (el mercado está liderado por Alemania), parece que hemos empezado a avanzar por el buen camino.

Es una gran noticia, no cabe duda. Pero al mismo tiempo que aparecen más y más productos que hacen por sumarse a la tendencia sostenible,también aumenta la confusión y desconfianza del consumidor, que no sabe de qué manera discernir entre el producto realmente ecológico del que no lo es. Es por ello que en Another Way nos hemos propuesto esclarecer algunas dudas para hacer de las compras sostenibles una actividad mucho más sencilla.

El primer paso que debemos tomar como consumidores lo tenemos claro. ¿Qué significa exactamente que algo sea ecológico? Según las directrices marcadas por la Federación Internacional de los Movimientos de Agricultura Ecológica (IFOAM por sus siglas en inglés), “un alimento ecológico es un producto obtenido de la agricultura ecológica, un sistema que busca la integración del proceso en el ecosistema, la calidad por encima de la cantidad, la mejora del suelo, el uso racional de los recursos, conseguir un sistema cerrado, criar animales según su naturaleza, mantener la diversidad genética, buscar el trabajo digno y perseguir la cadena de valor justo”.

Una vez abordados los alimentos, pasamos al siguiente punto de la lista de la compra. ¿Qué sucede con el resto de productos que encontramos en los estantes del supermercado? En este caso, la etiqueta ecológica se refiere a los siguientes aspectos básicos: sostenibles, respetuosos con el entorno, saludables y cumplimiento de estándares de calidad.

Pero respetuoso con el medioambiente, natural, verde… Todos estos términos son con demasiado frecuencia, vagos y ambiguos. Al no existir una regulación sobre su uso, las marcas los utilizan de la manera que creen convenientes. Es por ello que como consumidores es necesario que nos fijemos en las etiquetas y certificaciones oficiales. Esta información y no otra es la que puede darnos la clave para discernir el producto verdaderamente sostenible.

La primera de ellas que debemos resaltar es el sello oficial de la Unión Europea, por ser la que más peso tiene. La presencia de esta etiqueta en el producto que compramos nos indica que cumple con la normativa específica, que además es común a toda la Unión. Entre las garantías que nos ofrece se encuentran que la producción ha respetado la naturaleza y se ha realizado de forma sostenible y  que los organismos de control han supervisado de manera anual que se respeten las normas de salud y producción. Sobre la ganadería, que los animales hayan pastado libremente. Ciñéndose a la agricultura, que no se traten de productos genéticamente modificados o que se haya limitado el uso de pesticidas químicos. Por tanto, se trata de un certificado completo que nos asegura que la producción ha seguido estrictas normas destinadas a respetar el medioambiente.

En el sector de los cosméticos, podemos fiarnos de la certificación Natrue. A quienes la incorporan se les reconoce como naturales y orgánicos. Cumple con estándares altos de calidad y elaboración. Aunque de origen alemán, este sello ha terminado por aglutinar a una asociación de empresas europeas de cosmética natural. Disponen de tres niveles distintos de certificación: cosméticos naturales, cosméticos naturales con porción orgánica y cosméticos orgánicos, según el nivel de compromiso.

 

El organismo encargado de velar por una pesca sostenible, tanto en captura como comercialización, es el Consejo de la Gestión Marina (MSC por sus siglas en inglés). Si nos encontramos con su sello en nuestros alimentos podemos estar tranquilos: la pesca es sostenible y no estamos contribuyendo a la esquilmación de ninguna especie.  Entre los requisitos más destacables encontramos que se mantengan en niveles saludables las comunidades de especies, la elaboración de un sistema de manejo eficiente de pesquerías tomando en consideración los aspectos biológicos, socioeconómicos y ambientales y el cumplimiento de las leyes nacionales y locales así como acuerdos y tratados internacionales.

 

Finalmente, para madera y derivados de la misma, el sello a localizar no es otro que el de la FSC, la garantía de que lo que consumimos no está perjudicando nuestros bosques. Entre los principios a los que dan especial valor encontramos el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, mantener o mejorar el bienestar social y económico de las comunidades locales o mantener o restaurar el ecosistema, su biodiversidad, recursos y paisajes.

Una vez bien localizadas estas indicaciones, ir al supermercado de manera sostenible se convierte en una actividad mucho más accesible. Estar bien informados sobre qué nos garantiza que un producto sea ecológico es en definitiva, lo más importante para poder adoptar una actitud respetuosa con el medioambiente, también con la lista de la compra en la mano.


Con información de El País, The Huffington Post y FACUA. Imágenes de María Molinero y Clark Young 

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