Estemos donde estemos es necesario que siempre tengamos en cuenta una premisa. Una premisa muy sencilla y contundente: nuestras acciones tienen consecuencias en nuestro entorno. Las decisiones que tomamos repercuten en nuestro planeta. Siempre, por minúsculas que parezcan, por inocentes o insignificativas. La tienen. En esta época del año, con la llegada del periodo vacacional, aparecen nuevos riesgos para el medioambiente. Entre ellos queremos destacar uno que con demasiada frecuencia pasa desadvertido: las cremas solares.

Las cremas solares son nuestras compañeras de viaje allá donde vayamos: a visitar una ciudad, un paseo por el campo… Entre todos los sitios, hay uno en el que no puede faltar: escapadas a la playa. Resulta inconcebible imaginarse un viaje a a costa sin un buen protector a mano. No obstante, ¿nos hemos planteado alguna vez cómo afecta este producto a nuestros mares?

Durante la época estival las costas del Mediterráneo se convierten en el punto de encuentro de miles de turistas. Las cremas solares son imprescindibles para proteger nuestra piel de las radiaciones ultravioletas. A pesar de estar diseñados para permanecer adheridos al cuerpo, algunos componentes de las cremas solares se diluyen durante el baño y se convierten en contaminantes. Una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizada en el año 2013 revelaba que estos productos liberan una cantidad importante de sus componentes al mar, los cuales tienen consecuencias ecológicas sobre el ecosistema costero marino.

De entre todos los elementos encontrados en las cremas solares, cuatro cuentan con una presencia más notoria y preocupante:

  1. Benzofenona
  2. 4-Metilbencilideno camero
  3. Dióxido de titanio
  4. Óxido de zinc

La consecuencia de su presencia en los protectores (y por tanto en los océanos) es la desaceleración del crecimiento del fitoplancton, llegando incluso a matarlo. El organismo más afectado es la Chaetoceros gracilis, una microalga base de la cadena trófica del Mediterráneo. ¿Qué puede significar el descenso de su población o desaparición? Sin ella no hay alimento para los peces más pequeños. Sin peces pequeños tampoco hay alimento para los peces grandes. Una cadena de consecuencias que resulta difícil frenar.

El trabajo elaborado por el CSIC pone su foco de atención en las aguas costeras de la isla de Mallorca. Antonio Tovar fue el responsable del estudio. Sobre las conclusiones extraídas comentaba que “las cremas solares pueden tener un efecto ambiental considerable en zonas de intensa actividad turística”.

Durante un año analizaron los niveles de estos compuestos en las zonas costeras de la isla. Los encontraron sobre todo en la microcopia superficial de agua marina. Además comprobaron que las máximas concentraciones de estos químicos aparecía entre las 14h y las 18h. Es decir, en franjas horarias que coinciden con los picos máximos de bañistas. Durante este periodo el nivel de compuestos ascendía a proporciones entre un 60% y 90% superiores a los valores de referencia que se observaban por la noche o a primera hora de la mañana.

El estudio también realiza un cálculo de la cantidad de sustancias vertidas a los océanos. Conjugando el consumo medio de cremas solares por bañista y los datos turísticos locales llegaron a la conclusión de que durante un día de verano en una playa de Mallorca pueden acabar en el mar 4kg. de Dióxido de Titanio procedentes de las cremas solares.

La comunidad científica también ha aclarado que los protectores en spray son todavía más contaminantes que las cremas. La razón no se encuentra en su composición, sino en la presentación en solución acuosa. Al disolverse antes los microorganismos también los asimilan antes.

A falta de una alternativa clara, resulta necesario que la industria cosmética realice un esfuerzo por dar con un producto que garantice la salud, sin por ello poner en jaque  la sostenibilidad medioambiental. También es necesario un impulso de las investigaciones científicas sobre la toxicidad de los compuestos presentes en las cremas solares. La falta de estudios nos deja con poca capacidad para evaluar con precisión los peligros que representan para los ecosistemas marinos.

Como consumidores resulta fundamental que demandemos a los fabricantes la innovación con respecto a la formación de sus cremas solares. Sobre todo atendiendo a la coyuntura actual, en la que la industria puede demostrar su liderazgo desarrollando nuevos productos sostenibles, que cada vez tienen una mayor acogida entre el público.

Y camino de la playa, ¿qué puedo hacer? A falta de una solución definitiva, sí encontramos cada vez opciones de cremas más sostenibles. Utilizar cremas naturales evitando productos industriales, por ejemplo, es un buen primer paso para reducir nuestra huella ecológica cuando nos bañamos. Por supuesto, y no es la primera vez que lo comentamos: buscar la etiqueta. Una etiqueta que no debemos confundir con los términos cada vez más presentes en los envases: eco, natural, verde, bio... Ante slogan es ambiguos, son los sellos certificados nuestros mejores aliados. Descartar los protectores en spray también es un buen comienzo. Estos resultan todavía más contaminantes que la crema, no solo por su composición sino por su presentación en solución acuosa (al disolverse antes los microorganismos también los asimilan antes).

Por supuesto, sumado a lo comentado anteriormente, una muy buena manera de protegernos del sol al mismo tiempo que respetamos nuestro planeta es hacer uso de sombreros, gorras, sombrillas y demás artículos. Buscar las sombras, evitar la calle en las horas centrales del día y mantenernos bien hidratados son prácticas que en combinación nos cuidarán durante el verano de manera sostenible.


Con información de CSIC (1,2), MarineSafe, Imágenes de Jacob WaltiWill Langenberg, Pixabay

:
Atrás

Deja un comentario

Entradas recientes

Comentarios recientes

Archivos

Categorías

Facebook
Twitter
YouTube
Instagram