Cuando pensamos en contaminación, lo primero que imaginamos son ciudades con un terrorífico color gris en su cielo, océanos llenos de plástico o bosques deforestados. Sin embargo, algo en lo que no solemos pensar tanto es en el ruido con el que convivimos. Un problema creciente que no solo afecta a nuestra salud, sino también a la de nuestro planeta.

No cabe la menor duda de que cada vez encontramos más contaminación acústica en las ciudades. Una lista encabezada por Cantón (China), Delhi (India) y El Cairo (Egipto). A nivel europeo, Barcelona es una de las dos únicas ciudades que figura en las diez peores (con un séptimo puesto). Las más tranquilas del continente: Zurich, Viena, Oslo, Munich y Estocolmo.

Preservar los entornos acústicos no solo es necesario para proteger nuestro planeta sino que diversos estudios también han constatado que estos sonidos naturales mejoran nuestro estado de ánimo, aumentan nuestra retención de memoria o restauran nuestros sentidos, entre otros beneficios.

Para los animales, se convierte en una cuestión de supervivencia. Utilizan el ruido para muchas funciones esenciales, como lo es esquivar depredadores, encontrar comida o mantener las relaciones sociales. Rachel Buston es investigadora de la Universidad Estatal de Colorado; en su estudio publicado en la revista Science analiza las consecuencias de la contaminación acústica derivada de las actividades humanas. En él concluye que el ruido generado por el ser humano es de media, el doble de los niveles de sonido de fondo.

Los investigadores señalan como principales causas de la contaminación acústica las carreteras, tráfico aéreo, asentamientos y las industrias extractivas (silvicultura, fractura o minería). Muchas de ellas ya han llamado la atención por el impacto que generan en los ecosistemas que las albergan, sin embargo las consecuencias derivadas de la actividad sonora suelen pasar más inadvertidas.

¿Y qué sucede en los océanos? 

Dado que la contaminación acústica en ciudades y demás entornos en los que convivimos nos afectan de manera directa, sus consecuencias también nos resultan más evidentes. Sin embargo, ocurre algo muy distinto con el ruido y la invasión sonora humana en los océanos, donde las consecuencias no son menos alarmantes.

Cada vez son más frecuentes las imágenes de ballenas varadas en las playas. Sin que quepa duda de ello, una de las causas de esta situación es la degradación de los hábitats marinos debido a la destrucción de fuentes de alimentos. Pero también, y es sumamente importante que lo tengamos en cuenta, un importante factor es el sonido antropogénico en la vida de los mamíferos marinos.

Los mamíferos marinos utilizan una amplia banda de frecuencias acústicas. Esta amplia gama se cruza por el camino con muchos de los sonidos que el ser humano introduce en el agua (naves, sonares, señales de exploración sísmica…). Algunos de los sonidos que producimos están muy por encima del rango de frecuencias utilizado por los mamíferos marinos. En el océano, la energía acústica se propaga eficientemente, viaja rápido y a grandes distancias. ¿Qué significa esto? Que el sonido viaja casi cinco veces más rápido a través del agua del mar que del aire.

Cuando los sonidos producidos por el ser humano interfieren con los emitidos por los mamíferos se produce un efecto llamado enmascaramiento. Si estos aumentan, pueden hacer que los mamíferos dejen de recibir información acústica importante. Así, pueden hacer que emigren lejos de sus rutas habituales con problemas asociados de estrés, privación de fuentes de alimento normales etc.

Entre las diversas fuentes de sonido, es el sonar naval el que más preocupa a los científicos y conservacionistas, pues contribuye a la mayor parte de hundimiento de mamíferos marinos. Se extienden por bandas de baja, media y alta frecuencia, y caen directamente en el rango de frecuencias auditivas de múltiples especies marinas. Así, los mamíferos se desorientan, sufren sangrado interno y posteriormente corren el riesgo de quedar varados en las costas.

Mientras que la presencia sonora del ser humano suena cada vez más alto, es alarmante comprobar cómo la naturaleza es cada vez más silenciosa. Cambios en las políticas y hábitos de vida, sobre todo enfocados a la preservación de los ecosistemas marinos, son ahora más importantes que nunca.

 


Con información de World Economic Forum, The Guardian, Science y The Wire. Imágenes de WikimujerJoe LewandowskiFerdinand Stöhr 

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