La llegada del verano puede significar muchas cosas: ropa más fresca, más horas de día, nuevos planes… Y algo de lo más interesante, ¡cambio en la comida de temporada! Aprovechando la ocasión, hemos decidido dedicar esta entrada a sumergirnos en el fascinante mundo de la alimentación sostenible.

Vamos a empezar derribando algunos mitos. El primero, seguir una alimentación sostenible no tiene por qué ser duro, tampoco necesita que renunciemos a nuestras comidas favoritas. No tiene por qué convertirse en un “todo o nada”. Se trata más bien de tomar consciencia de las consecuencias de nuestras acciones para poder cambiarlas poco a poco. Es en los detalles donde se marca la diferencia.

Un buen primer consejo sería empezar a comprar lo local. Incorporar a nuestra alimentación productos que provienen de la cercanía es una de las mejores maneras para reducir nuestra huella de carbono. Si lo que consumimos es autóctono de nuestro propio entorno, los enormes costes medioambientales del transporte se reducen.

Una vez hemos dado el paso de fijarnos en las etiquetas de los alimentos para descubrir de dónde vienen y cuánto han viajado, podemos empezar a fijarnos en el siguiente detalle sumamente importante. ¿Son de temporada? Estar informados de qué se cultiva en cada época del año resulta imprescindible para reducir el impacto ambiental de nuestra alimentación. A continuación os dejamos este pequeño apunte de frutas, verduras y hortalizas idóneas para la época veraniega en la que nos adentramos.

  • Frutas: aguacate, albaricoque, ciruela, frambuesa, melocotón, melón, nectarina, pera, plátano, sandía.
  • Hortalizas y verduras: calabacín, calabaza, lechuga, nabo, pepino, rábano, remolacha, zanahoria.

Seguimos, para los más intrépidos, o para quien esté buscando nuevos hobbies, también existe la opción de cultivar tú mismo ciertas frutas y verduras. Y atención, que no hace falta vivir en el campo. Hay muchos más lugares idóneos de los que te imaginas para situar nuestro huerto personal.

Pasamos a un tema candente cuando se trata de exponer cómo es una alimentación sostenible. ¿Carne sí o carne no? Genera toda una corriente de argumentos, y no es para menos. La carne producida industrialmente es el producto alimenticio que más impacta en el medioambiente. La producción ganadera utiliza dos tercios del agua dulce del mundo, y aunque es un debate abierto lo cierto es que la producción y consumo de carne necesita cambiar de rumbo. Es difícil obtener cifras ajustadas, pero según un informe del año 2006 de la FAO se estima que el ganado es el responsable de alrededor del 18% de los gases de efecto invernadero causados por el hombre, y utiliza el 70% de las tierras agrícolas.

Frente a ello, una persona que sigue una alimentación vegana produce un 50% menos de CO2, utiliza una 1/11 parte de aceite, una 1/12 parte de agua y una 1/18 parte de tierra.

Es cierto que ante estas cifras, el vegetarianismo o veganismo se postula como una opción más que interesante. Sin embargo, es necesario que recordemos que no son las únicas. Procurar comer menos es una opción perfectamente válida. Existen diversas iniciativas para ello que han contado con gran éxito, como “Lunes Libres de Carne“. También ha aparecido recientemente la corriente “reducetarianista“, que precisamente se propone reducir gradualmente la cantidad de carne en nuestra alimentación.

¿Y qué sucede cuando nos entran unas ganas enormes de comernos un buen pescado? Tan solo tenemos que seguir una guía básica y sencilla: buscar la etiqueta. Una vez localizada, podemos seguir otros consejos como informarnos sobre las especies que están menos amenazadas, comprar pescado capturado en nuestro país, (o sea, seguir comprando local), y algo muy importante es atrevernos a innovar con cosas nuevas. Esto además de divertido y enriquecedor también ofrece un respiro a nuestro planeta. En lugar de comer siempre a, b, c: lenguado, merluza y dorada… Ampliar nuestra dieta supone distribuir el impacto sobre una especie determinada. Este cambio en nuestra alimentación reduce notablemente el riesgo de poner en peligro especies clave.

Tampoco queremos dejar pasar la ocasión para haceros un par de recomendaciones para cuando salimos a comer fuera. Muy sencillas, accesibles y que generan un impacto notorio. La primera, pide agua del grifo cuando es potable. Las botellas no son otra cosa que plástico innecesario y dañino. La segunda, no tengas miedo de preguntar. De dónde viene el pescado, si son productos locales, verduras de temporadas o ganadería de pastoreo. En la información está el poder. Además de obtener más datos sobre lo que pedimos, este detalle genera un “efecto dominó”, fomentando que cada vez más establecimientos se cuestionen la sostenibilidad de sus cartas.

Y qué podemos hacer después de cocinar y comer…. Pues por supuesto, guardar lo que sirva. Además, si has optado por la opción del huerto en casa debes saber que tienes un enorme tesoro entre tus manos… ¡En los desechos! Puedes hacer de ellos un valioso recurso, haciendo compost casero.

Como puedes comprobar, son muchas los aspectos  que podemos plantearnos si queremos empezar a seguir una alimentación más respetuosa con el medioambiente. Con la información en nuestra mano, de todo lo que se trata es de armase de ganas de hacer las cosas de otra manera y empezar a cambiar el mundo por uno mismo.


Con información de The Food Climate Research Network, TimeOCU y Yorokobu.  Imágenes de Cala, Peter Wendt, Cowspiracy Jay Wennington

 

 

 

 

 

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