Durante los meses de verano nuestro consumo de agua se dispara. Con las altas temperaturas una correcta hidratación se convierte en esencial para el cuidado de nuestra salud. Un cuidado que no debe estar reñido con la protección del medioambiente. Durante los próximos meses nos acostumbraremos a ver cada vez más y más botellas de agua. En restaurantes, tiendas, por la calle… Pero, ¿son realmente necesarias?

El sector del agua embotellada es un negocio en alza cuyo impacto ambiental desafortunadamente tiende a pasar desapercibido. Somos conscientes de los efectos negativos del uso abusivo del coche, de los incendios o del derroche de agua. ¿Conocemos las consecuencias de pedir una botella de agua en un restaurante?

Empecemos por el principio, la fabricación de las botellas. La producción de los envases precisa agua. Todd Jarvis es director asociado del Instituto de Agua y Cuencas de la Universidad Estatal de Oregon (Estados Unidos). Según sus estimaciones, hacer las botellas requiere más de 272 mil millones de litros de agua al año.

Las botellas de plástico se fabrican generalmente con PET (Tereftalato de poletileno). Un derivado del petróleo. Tarda unos 500 años en descomponerse, que no es poco. Pero más alarmante, si una botella queda enterrada bajo la tierra puede tardar miles de años en hacerlo.

Siguiente fase, tratamiento y filtrado. También genera residuos y conlleva un gasto de agua. Por ejemplo, se calcula que la energía utilizada cada año para fabricar las botellas de agua en Estados Unidos equivale a lo necesario para alimentar a más de un millón de coches a lo largo de un año. Sierra Club, una organización ambiental sin fines de lucros, estima que se necesitan tres litros de agua para producir un litro de agua embotellada.

El agua embotellada tiene que ser transportada, algo que evidentemente repercute negativamente en el planeta. En este sentido, yendo un poco más allá, algunas marcas han puesto de moda vender agua proveniente de islas y países a miles de kilómetros de distancia. Esta tendencia resulta enormemente perjudicial y contaminante para nuestro entorno.

Bien, consumimos el agua. ¿Qué pasa con la botella? Desde luego, podemos reciclarla o darle un segundo uso. Pero las cifras hablan por sí solas. En España la proporción se sitúa en que 1 de cada 5 botellas termina siendo reciclada. El resto son arrojadas a playas, caminos y vertederos perjudicando seriamente al estado de los ecosistemas.

Un estudio realizado por la Universidad de Georgia y publicado en la revista Science calcula que cerca de 8 millones de toneladas de plástico son vertidas cada año en los océanos. Continuando por este camino y perpetrando este ritmo de consumo, para el 2025 nuestros mares almacenarán nada menos que 155 millones de toneladas de este residuo. ¿Y para el 2050? La situación no mejora, más plásticos que peces.

Aunque algunas marcas han impulsado diversas iniciativas para introducir botellas menos contaminantes en el mercado, lo cierto es que ya contamos con soluciones mucho más sostenibles. Beber agua del grifo siempre que sea potable y de buena calidad es la mejor decisión que podemos tomar para proteger el medioambiente. Cuando salimos de casa, una simple cantimplora se puede convertir en nuestra mejor aliada.

En los lugares donde el agua del grifo cuenta con un mal sabor, como en las zonas cercanas a la costa, podemos servirnos de filtros o jarras purificadoras para poder consumir un agua con cualidades correctas sin perjudicar al planeta.

A nivel europeo y según la Federación Europea de Aguas Envasadas (la EFBW), España ostenta el quinto lugar en consumo per cápita de botellas. Por delante nuestro: Italia, Alemania, Bélgica y Portugal. Países donde el agua del grifo, es en la mayoría de su territorio, perfectamente apta para el consumo.

Ante estas cifras es necesario que nos cuestionemos por qué en lugares donde el agua de grifo es completamente saludable y segura seguimos consumiendo agua embotellada. Diversas organizaciones alertan ya sobre esta mala práctica. Ejemplo de ello es la acción realizada por Greenpeace. El pasado mes de junio activistas “hicieron emerger” algunos de los objetos que más se encuentran en las playas mediterráneas como botellas, pajitas o vasos.

También desde la esfera política cada vez aparecen más mentes conciencias. Ejemplo de ello es la ciudad australiana de Bundanoon, que se convirtió en el año 2009 en la primera ciudad del mundo en prohibir completamente el agua embotellada en los estantes de tiendas. La medida fue acompañada de la instalación de fuentes de agua en toda la ciudad.

Finalmente cabe destacar que al igual que sucede con las botellas de plástico, el resto de residuos de este material también ponen en jaque la supervivencia de nuestra planeta. Objetos de un único uso como vasos, cucharitas para el café, pajitas… Todos ellos son altamente contaminantes. Cambios en nuestros hábitos de consumo y tomas de decisiones harán que juntos avancemos hacia una sociedad más consciente y responsable con el medio en el que convive.


Información de Readers Digest,  Greenpeace España (1, 2), Ethic, National Geographic y El MundoImágenes de Ricardo Bernardo, Steve Johnson, Greenpeace España (1, 2),  Autri Taheri

 

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